MÚSICA EN EL QUIJOTE

El presente trabajo se ha gestado en mi cabeza a lo largo de los años, y ahora, no sé por qué, intento que salga a la luz. Se trata, simplemente, de una serie de recuerdos que solemos tener las personas mayores, que nos acordamos más y mejor del pasado más antiguo y olvidamos el ayer. Hace más de treinta años leí y releí al menos tres veces “El Quijote”, y recordando aquellas lecturas, he buscado los pasajes en los que se habla de la música en sus diferentes manifestaciones, como la voz humana, los instrumentos musicales, las danzas, bailes o eventos que requieren de ella.

Me he centrado, principalmente, en los episodios donde la voz humana y los distintos instrumentos musicales son utilizados para ambientar los escenarios en los que se desarrollan los hechos y aventuras que van sucediendo a la pareja protagonista.

La voz humana aparece continuamente recitando poesías o cantando todo tipo de canciones populares, pastoriles y sobre todo de amor.

En cuanto a los instrumentos, he podido identificar una treintena de ellos mencionados con frecuencia a lo largo del libro pero con más frecuencia en la segunda parte: albogue, arpa, atabales, atambor, bocina, cascabeles, cencerros, chirimía, churumbela, clarín, corneta, corneta de posta, cuerno, dulzaina, esquila, flauta, gaita, gaita zamorana, guitarra, laúd, pandero, pífano, rabel, salterio, silbato de cañas, sonajas, tambor, tamboril, tamborino, trompeta y, vihuela.

Luego tenemos algunas expresiones musicales e instrumentos que son utilizados por Cervantes, dándoles un sentido distinto al musical. Utiliza terminología musical culta asociada a la música religiosa, como “canto llano”, “contrapunto” o “discantar”. En 1569 estuvo al servicio de Monseñor Giulio Acquaviva en Italia, antes de ir a la batalla de Lepanto. Es de suponer que siendo camarero del obispo, conocería las nuevas normas establecidas por el Concilio de Trento (1545-1563), prohibiendo los contrapuntos (combinación de dos o más melodías paralelas) en los coros de las iglesias e instaurando el canto llano, ya que los fieles no podían entender la letra de lo que se cantaba debido a la mezcla de voces. De ahí la orden que Maese Pedro da al recitador desde dentro del retablo: “Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda, que será lo más acertado; sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles.” (capítulo 26 de la 2ª parte). Y en otro episodio don Quijote oyó que, en el aposento de al lado, en la venta donde se hospedaban, dos caballeros estaban leyendo la “Segunda Parte del don Quijote de la Mancha” y tras una pequeña discusión sobre el autor aragonés, según don Quijote, terminaron desacreditando la versión falsa de la segunda parte del “Don Quijote”, y aquí utiliza el narrador un verbo musical para comparar la obra de Cervantes con la del autor apócrifo:

En estas y otras pláticas se pasó gran parte de la noche, y, aunque don Juan quisiera que don Quijote leyera más del libro por ver lo que discantaba, no lo pudieron acabar con él, diciendo que él lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio…” (capítulo 59 de la 2ª parte).

También utiliza instrumentos musicales como el sacabuche, el caramillo y la zampoña con un sentido distinto al musical, adoptado también por la RAE como segunda acepción.

En la aventura del rebuzno aparece la palabra caramillo con el significado de la segunda acepción de la RAE, “chisme, enredo, embuste”.

Con esto, desconsolados y roncos, se volvieron a su aldea, adonde contaron a sus amigos, vecinos y conocidos cuanto les había acontecido en la busca del asno, exagerando el uno la gracia del otro en el rebuznar, todo lo cual se supo y se estendió por los lugares circunvecinos. Y el diablo, que no duerme, como es amigo de sembrar y derramar rencillas y discordia por doquiera, levantando caramillos en el viento y grandes quimeras de nonada, ordenó e hizo que las gentes de los otros pueblos, en viendo a alguno de nuestra aldea, rebuznasen, como dándoles en rostro con el rebuzno de nuestros regidores.”(capítulo 25 de la 2ª parte)

Continuando con la aventura del rebuzno, el cronista Cide Hamete Benengeli jura como “católico cristiano”, aunque es moro, decir verdad en lo que sigue y nos descubre quien es maese Pedro y nos aclara la desaparición del rucio como un error del impresor y nos cuenta una extraña aventura que les sucedió en las riberas del Ebro, antes de entrar en Zaragoza (que luego no entró sino que siguió camino de Barcelona): “al subir una loma, oyó un gran rumor de atambores de trompetas y arcabuces” y al acercarse observó que era una reyerta entre la aldea del rebuzno y otra aldea vecina. Al ver a don Quijote se quedaron admirados y le rodearon ensimismados sin saber por qué bando lucharía. Don Quijote aprovechó la circunstancia para apaciguarlos con un discurso que a Sancho le pareció teológico. En este discurso menciona Cervantes el sacabuche, un instrumento musical parecido al actual trombón de varas, pero haciendo un símil con la vaina donde se guarda la espada:

¡Bueno sería, por cierto, que todos estos insignes pueblos se corriesen y vengasen y anduviesen de continuo hechas las espadas sacabuches a cualquier pendencia, por pequeña que fuese!” (capítulo 27 de la 2ª parte).

A continuación, y siguiendo con la broma de los rebuznos, Sancho Panza peca de ingenuo presumiendo de saber rebuznar mejor que nadie,

Y porque se vea que digo verdad, esperen y escuchen; que esta ciencia es como la del nadar que, una vez aprendida, nunca se olvida. Y luego, puesta la mano en las narices, comenzó a rebuznar tan reciamente, que todos los cercanos valles retumbaron. Pero uno de los que estaban junto a él, creyendo que hacia burla dellos, alzó un varapalo que en la mano tenía y diole tal golpe con él, que sin ser poderoso a otra cosa, dio con Sancho Panza en el suelo.” (capítulo 27 de la 2ª parte)

Y entonces arremetieron todos los de la aldea del rebuzno con palos y piedras contra don Quijote, que acudió a socorrer a su escudero y, ante esta situación de peligro real, don Quijote huyó cobardemente abandonando a Sancho a merced de los apaleadores. Cuando Sancho, molido y apaleado, llegó a la altura de su amo, le echó en cara la huida cobarde y aquí utiliza también don Quijote el contrapunto.

…Apeose don Quijote para catarle las feridas, pero como le hallase sano de los pies a la cabeza, con asaz cólera le dijo: ¡Tan en hora mala supistes vos rebuznar, Sancho! Y ¿dónde hallastes vos ser bueno el nombrar la soga en casa del ahorcado? A música de rebuznos ¿qué contrapunto se había de llevar sino de varapalos? Y dad gracias a Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con un palo, no os hicieron el per signum crucis con un alfanje.”

Al final del libro, estando ya enfermo don Quijote, recobrado el juicio, poco antes de morir, decide hacerse pastor y al enterarse su sobrina, utiliza un símil con la caña de la cebada (alcacer), que se usaba para hacer chiflos o silbos. Si la caña estaba dura no sonaba igual que si estaba verde:

¿Qué es esto, señor tío? Ahora que pensábamos nosotras que vuesa merced volvía a reducirse en su casa y pasar en ella una vida quieta y honrada, ¿se quiere meter en nuevos laberintos, haciéndose

pastorcillo, tú que vienes,

pastorcico, tú que vas?

Pues en verdad que está ya duro el alcacel para zampoñas.” (capítulo 74 de la 2ª parte).

He echado en falta algunos instrumentos del Renacimiento, que seguro debía conocer Cervantes, pero no son citados en el libro. Para no ser repetitivo citaré unos pocos, aunque tengo registrados más de treinta: añafil, bajón o dulcián, carraca o matraca, castañuela, cistro o sistro, cítara, cítola, cornamusa, crótalos, dulcémele, mandora, orlo o cromorno, zanfoña etc.

Cuando Cervantes cita, en un par de ocasiones, la gaita zamorana no sabemos si está pensando en la definición que después se introdujo en la RAE o quizá se refería a algún instrumento de la familia de la flauta o de la gaita gallega. Lo cierto es que la RAE define la “zanfoña” y la “gaita zamorana» de manera similar.

No he tenido en cuenta los sonidos o el ruido, tratados por Cervantes de manera sugerente como por ejemplo en la aventura de los Batanes (capítulo 20 de la 1ª parte):

Era la noche, como se ha dicho, oscura, y ellos acertaron a entrar entre unos árboles altos, cuyas hojas, movidas del blando viento, hacían un temeroso y manso ruido; de manera que la soledad, el sitio, la oscuridad, el ruido del agua con el susurro de las hojas, todo causaba horror y espanto; y más cuando vieron que ni los golpes cesaban, ni el viento dormía, ni la mañana llegaba, añadiéndose a todo esto el ignorar el lugar donde se hallaban”.

Y más adelante anunciando la no aventura de los batanes,

Bien notas, escudero fiel y legal, las tinieblas desta noche, su estraño silencio, el sordo y confuso estruendo destos árboles, el temeroso ruido de aquella agua en cuya busca venimos…” “…aquel incesable golpear que nos hiere y lastima los oídos”.

Tampoco he tenido en cuenta un aspecto muy importante de la música cual es el silencio. En muchísimos pasajes Cervantes utiliza el silencio como antesala de la música, como si nos invitase a escuchar con atención. Utiliza una serie de calificativos como: extraño, sosegado, blando, admirable, maravilloso, que nos hacen estar expectantes de qué ocurrirá tras ese silencio. “…de lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que en toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos” (Capítulo 18 de la 2ª parte) El silencio suele ser precursor de alguna aventura. Cada sonido viene acompañado de su carga emocional, desde la alegría al dolor, pasando por el horror, la burla, el sosiego, el miedo, etc. En el túmulo de la fingida enamorada de don Quijote, Altisidora, “porque en aquel sitio el mesmo silencio guardaba silencio a sí mismo, se mostraba blando y amoroso” (capítulo 69 de la 2ª parte). En resumen, la suma o unión de sonidos, más silencio, más tiempo, nos anuncia la música.

…pero viendo que duraba algún tanto el silencio, determinaron de salir a buscar el músico que con tan buena voz cantaba; y, queriéndolo poner en efeto, hizo la mesma voz que no se moviesen, la cual llegó de nuevo a sus oídos, cantando este soneto” (capítulo 27 de la 1ª parte).

He tratado de transcribir, al pie de la letra, los distintos pasajes o párrafos sueltos en los que Cervantes se inspira en la música; y he llegado a la conclusión de que conociendo bien, tanto la música religiosa como la popular y los instrumentos musicales usados por el pueblo y los usados en las iglesias, sin embargo, no aparece nunca la palabra “órgano” asociada al instrumento musical; aunque es cierto que a lo largo del libro no hay muchas oportunidades de insertarlo. Sin embargo, cuando tuvo la ocasión de referirse a la música de órgano, que fue cuando Sancho tomó posesión de la ínsula Barataria, tras ser nombrado gobernador, no lo hizo; no sabemos por qué; quizá le tembló el pulso al ridiculizar a Sancho dentro de una iglesia “… con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo” (capítulo 47 de la 2ª parte). Seguramente si Cervantes hubiera utilizado en este momento la música religiosa o cualquier tipo de liturgia de iglesia, con la Iglesia hubiera topado. No obstante, está claro que Cervantes debía conocer bien la música religiosa de su tiempo, ya que,en 1569, cuando tenía 22 años una providencia de Felipe II de busca y captura, acusado de herir en duelo a Antonio Sigura, le hizo huir a Italia donde estuvo al servicio de Monseñor Giulio Acquaviva; se supone que estando en la curia italiana debió conocer la música religiosa de la época.

Como curiosidad, he observado que en dos ocasiones distintas utiliza Cervantes la saliva como preludio a la música: “…pero escucha; que, a lo que parece, templando está un laúd o vigüela, y según escupe y se desembaraza el pecho, debe de prepararse para cantar algo” (capítulo 12 de la 2ª parte). “…habiendo recorrido los trastes de la vihuela y afinándola lo mejor que supo, escupió y remondose el pecho, y luego, con una voz ronquilla aunque entonada, cantó el siguiente romance, que él mismo aquel día había compuesto” (capítulo 46 de la 2ª parte).

Quiero destacar un diálogo entre don Quijote y Sancho, (capítulo 67 de la 2ª parte) a propósito de la resolución que tomó don Quijote de hacerse pastor y seguir la vida del campo. Aquí don Quijote hace una relación de los instrumentos musicales más usados por los pastores, que aunque no sabían leer ni escribir, sin embargo sabían cantar y tocar diferentes instrumentos como se verá en la relación del final de este trabajo. En este episodio, le pregunta Sancho a don Quijote: “¿qué son albogues que ni los he oído nombrar, ni los he visto en toda mi vida?”; y don Quijote confunde los albogues con los crótalos y la descripción que hace de los albogues corresponde prácticamente a los crótalos. Yo creo que esto es un error voluntario utilizado por Cervantes para provocar la risa de los lectores y sobre todo de los oyentes de la lectura. Hay que tener en cuenta que la mayoría del público no sabía leer pero conocía perfectamente lo que eran los albogues; y eran mas los que oían la lectura de los libros que los que leían libros; y esto lo sabía Cervantes hasta el punto de que el título del capítulo 66 de la 2ª parte es:

Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oirá el que lo escuchare leer”.

Seguro que los escuchantes de la definición se reirían del loco de don Quijote al escuchar la definición errónea. Sin embargo algún académico de la lengua se lo tomó en serio e introdujo la definición errónea dada por don Quijote, al pie de la letra, como 2ª acepción en el diccionario de la RAE.

¡Válame Dios —dijo don Quijote—, y qué vida nos hemos de dar, Sancho amigo! ¡Qué de churumbelas han de llegar a nuestros oídos, qué de gaitas zamoranas, qué tamborines, y qué de sonajas, y qué de rabeles! Pues ¡qué si destas diferencias de músicas resuena la de los albogues! Allí se verán casi todos los instrumentos pastorales.¿Qué son albogues? —preguntó Sancho—; que ni los he oído nombrar, ni los he visto en toda mi vida. Albogues son —respondió don Quijote— unas chapas a modo de candeleros de azófar, que dando una con otra por lo vacío y hueco, hace un son, si no muy agradable, ni armónico, no descontenta, y viene bien con la rusticidad de la gaita y del tamborín; y este nombre albogues es morisco, como lo son todos aquellos que en nuestra lengua castellana comienzan en al, conviene a saber: almohaza, almorzar, alhombra, alguacil, alhucema, almacén, alcancía, y otros semejantes, que deben ser pocos más; y solos tres tiene nuestra lengua que son moriscos y acaban en i, y son borceguí, zaquizamí, y maravedí; alhelí y alfaquí, tanto por el al primero como por el ies que acaban, son conocidos por arábigos. Esto te he dicho de paso por habérmelo reducido a la memoria la ocasión de haber nombrado albogues; y hanos de ayudar mucho al parecer en perfección este ejercicio el ser yo algún tanto poeta, como tú sabes, y el serlo también en estremo el bachiller Sansón Carrasco; del cura no digo nada, pero yo apostaré que debe de tener sus puntas y collares de poeta; y que las tenga también maese Nicolás, no dudo en ello, porque todos o los más son guitarristas y copleros.”

RELACIÓN DE CITAS MUSICALES A LO LARGO DE LA OBRA

(Para no ser reiterativo, he sustituido la letra de las canciones por la palabra “poesía”)

En el capítulo 2 de la 1ª parte, en la primera salida que hace don Quijote, al llegar a la venta que él cree castillo, espera oír músicas para celebrar su llegada y sucede esto:

Fuese llegando a la venta que a él le parecía castillo, y a poco trecho de ella detuvo las riendas a Rocinante, esperando que algún enano se pusiese entre las almenas a dar señal con alguna trompeta de que llegaba caballero al castillo. Pero, como vio que se tardaban y que Rocinante se daba prisa por llegar a la caballeriza, se llegó a la puerta de la venta y vio a las dos distraídas mozas que allí estaban, que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando. En esto sucedió acaso que un porquero, que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos, que, sin perdón, así se llaman, tocó un cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacia señal de su venida…”

y mientras cenaba don Quijote en la venta que él creía castillo, sucedió esto:

…Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos y, así como llegó, sonó su silbato de cañas cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música, y que el abadejo eran truchas, el pan candeal, y las rameras damas, y el ventero castellano del castillo; y con esto daba por bien empleada su determinación y salida.”

En el capítulo 11 de la 1ª parte se les hace de noche en descampado y buscando dónde pasar la noche son acogidos por unos cabreros entre los que estaba un tal Antonio que tenía dotes musicales.

…Para que con más veras pueda vuestra merced decir, señor caballero andante, que le agasajamos con prompta y buena voluntad, queremos darle solaz y contento con hacer que cante un compañero nuestro que no tardará mucho en estar aquí. El cual es un zagal muy entendido y muy enamorado, y que, sobre todo, sabe leer y escribir, y es músico de un rabel que no hay más que desear.

Apenas había el cabrero acabado de decir esto, cuando llegó a sus oídos el son del rabel, y de allí a poco llegó el que le tañía, que era un mozo de hasta veinte y dos años, de muy buena gracia. Preguntáronle sus compañeros si había cenado y, respondiendo que sí, el que había hecho los ofrecimientos le dijo:

De esa manera, Antonio, bien podrás hacernos placer de cantar un poco, por que vea este señor huésped que tenemos que también por los montes y selvas hay quien sepa de música. Hémosle dicho tus buenas habilidades y deseamos que las muestres y nos saques verdaderos; y así, te ruego por tu vida que te sientes y cantes el romance de tus amores que te compuso el beneficiado tu tío, que en el pueblo ha parecido muy bien.

‌—Que me place —respondió el mozo.

Y, sin hacerse más de rogar, se sentó en el tronco de una desmochada encina, y, templando su rabel, de allí a poco, con muy buena gracia, comenzó a cantar

(poesía)

Con esto dio el cabrero fin a su canto y, aunque don Quijote le rogó que algo más cantase, no lo consintió Sancho Panza, porque estaba más para dormir que para oír canciones. Y así, dijo a su amo:

Bien puede vuestra merced acomodarse desde luego a donde ha de posar esta noche; que el trabajo que estos buenos hombres tienen todo el día no permite que pasen las noches cantando.

Ya te entiendo, Sancho —le respondió don Quijote—; que bien se me trasluce que las visitas del zaque piden más recompensa de sueño que de música.”

En el capítulo 22 de la 1ª parte, don Quijote libera de sus cadenas a unos desdichados galeotes que, “mal de su grado, los llevaban donde no quisieran ir”. Don Quijote va preguntando uno a uno la causa por la que los llevan forzados a galeras y encuentra respuestas graciosas:

¿Qué son gurapas? —preguntó don Quijote.

Gurapas son galeras —respondió el galeote.

El cual era un mozo de hasta edad de veinte y cuatro años, y dijo que era natural de Piedrahíta.

Lo mismo preguntó don Quijote al segundo, el cual no respondió palabra, según iba de triste y malencónico; mas respondió por él el primero, y dijo:

Este, señor, va por canario; digo, por músico y cantor.

Pues ¿cómo?, repitió don Quijote—, ¿por músicos y cantores van también a galeras?

Sí, señor —respondió el galeote—; que no hay peor cosa que cantar en el ansia.

Antes he yo oído decir —dijo don Quijote—, que quien canta, sus males espanta.

Acá es al revés —dijo el galeote—; que quien canta una vez, llora toda la vida.

No lo entiendo —dijo don Quijote.

Mas una de las guardas le dijo:

Señor caballero, cantar en el ansia se dice, entre esta gente non santa, confesar en el tormento. A este pecador le dieron tormento y confesó su delito, que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias, y por haber confesado le condenaron por seis años a galeras, amén de doscientos azotes que ya lleva en las espaldas.”

Se que al incluir este tipo de cantar, que no tiene que ver con la música, me he salido del tema, pero me ha gustado el episodio y por eso lo pongo aquí.

En el capítulo 23 de la 1ª parte, don Quijote y Sancho se adentran en Sierra Morena y hallan una maleta con ropa, “un buen montoncillo de escudos de oro” y un librillo con un soneto. Tras leer el soneto don Quijote le confiesa a Sancho una de las habilidades de los caballeros andantes:

Luego ¿también —dijo Sancho— se le entiende a vuestra merced de trovas?

Y más de lo que tú piensas —respondió don Quijote—, y veráslo cuando lleves una carta, escrita en verso de arriba abajo, a mi señora Dulcinea del Toboso; porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los más caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes músicos; que estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas a los enamorados andantes.”

Más adelante tendremos ocasión de ver a don Quijote tocando la vihuela (capítulo 46 de la 2ª parte) o cantando un romance (capítulo 46 de la 2ª parte) y un madrigal (capítulo 68 de la 2ª parte).

En el capítulo 27 de la 1ª parte el cura y el barbero se disfrazan para no ser conocidos y van en busca de don Quijote que había quedado sólo, en sierra Morena, haciendo penitencia. Sancho había sido enviado al Toboso con una carta para Dulcinea. En la venta del manteo, Sancho coincide con los disfrazados cura y barbero y vuelven los tres a la sierra en busca de don Quijote. Sancho se adentra en la sierra y el cura y el barbero esperan noticias.

Estando, pues, los dos allí sosegados y a la sombra, llegó a sus oídos una voz que, sin acompañarla son de algún otro instrumento, dulce y regaladamente sonaba, de que no poco se admiraron, por parecerles que aquel no era lugar donde pudiese haber quien tan bien cantase, porque, aunque suele decirse que por las selvas y campos se hallan pastores de voces estremadas, más son encarecimientos de poetas que verdades; y más cuando advirtieron que lo que oían cantar eran versos, no de rústicos ganaderos, sino de discretos cortesanos.

La hora, el tiempo, la soledad, la voz y la destreza del que cantaba, causó admiración y contento en los dos oyentes, los cuales se estuvieron quedos, esperando si otra alguna cosa oían; pero viendo que duraba algún tanto el silencio, determinaron de salir a buscar el músico que con tan buena voz cantaba; y, queriéndolo poner en efeto, hizo la mesma voz que no se moviesen, la cual llegó de nuevo a sus oídos, cantando este soneto:

(poesía)

El canto se acabó con un profundo suspiro, y los dos con atención volvieron a esperar si más se cantaba; pero viendo que la música se había vuelto en sollozos y en lastimeros ayes, acordaron de saber quién era el triste, tan estremado en la voz como doloroso en los gemidos; y no anduvieron mucho, cuando, al volver de una punta de una peña, vieron a un hombre del mismo talle y figura que Sancho Panza les había pintado cuando les contó el cuento de Cardenio; el cual hombre, cuando los vio, sin sobresaltarse, estuvo quedo, con la cabeza inclinada sobre el pecho, a guisa de hombre pensativo, sin alzar los ojos a mirarlos más de la vez primera, cuando de improviso llegaron.”

En el capítulo 28 de la 1ª parte aparece en sierra Morena la hermosa Dorotea, disfrazada de mozo labrador y les cuenta su vida.

“… me acogía al entretenimiento de leer algún libro devoto o a tocar una harpa, porque la experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu. Ésta, pues, era la vida que yo tenía en casa de mis padres, la cual, si tan particularmente he contado, no ha sido por ostentación ni por dar a entender que soy rica, sino porque se advierta cuán sin culpa me he venido de aquel buen estado que he dicho al infelice en que ahora me hallo.” “…los días eran todos de fiesta y de regocijo en mi calle; las noches no dejaban dormir a nadie las músicas…”

En el capítulo 41 de la 1ª parte.

…cuando llegó a nuestros oídos el son de una pequeña esquila, señal clara que por allí cerca había ganado.”

Al final del capítulo 42 y al principio del 43 de la 1ª parte se nos cuenta la historia de doña Clara y don Luis. Mientras todos dormían en la venta y don Quijote hacía guardia en el exterior de lo que él imaginaba castillo,

Sucedió, pues, que faltando poco por venir el alba, llegó a los oídos de las damas una voz tan entonada y tan buena, que les obligó a que todas le prestasen atento oído, especialmente Dorotea, que despierta estaba, a cuyo lado dormía doña Clara de Viedma, que ansí se llamaba la hija del oidor. Nadie podía imaginar quién era la persona que tan bien cantaba, y era una voz sola, sin que la acompañase instrumento alguno. Unas veces les parecía que cantaban en el patio, otras que en la caballeriza. Y, estando en esta confusión muy atentas, llegó a la puerta del aposento Cardenio, y dijo:

Quien no duerme, escuche; que oirán una voz de un mozo de mulas, que de tal manera canta, que encanta.

Ya lo oímos, señor —respondió Dorotea.

Y con esto se fue Cardenio, y Dorotea, poniendo toda la atención posible, entendió que lo que se cantaba era esto:

(poesía)

Llegando el que cantaba a este punto, le pareció a Dorotea que no sería bien que dejase Clara de oír una tan buena voz, y así, moviéndola a una y a otra parte, la despertó, diciéndole:

Perdóname, niña, que te despierto, pues lo hago porque gustes de oír la mejor voz que quizá habrás oído en toda tu vida.

Clara despertó toda soñolienta, y de la primera vez no entendió lo que Dorotea le decía, y, volviéndoselo a preguntar ella, se lo volvió a decir, por lo cual estuvo atenta Clara. Pero apenas hubo oído dos versos, que el que cantaba iba prosiguiendo, cuando le tomó un temblor tan estraño, como si de algún grave accidente de cuartana estuviera enferma, y, abrazándose estrechamente con Dorotea, le dijo:

¡Ay, señora de mi alma y de mi vida! ¿Para qué me despertastes?; que el mayor bien que la fortuna me podía hacer por ahora era tenerme cerrados los ojos y los oídos, para no ver ni oír a ese desdichado músico.

¿Qué es lo que dices, niña? Mira que dicen que el que canta es un mozo de mulas.

No es sino señor de lugares —respondió Clara—, y el que le tiene en mi alma, con tanta seguridad, que si él no quiere dejalle, no le será quitado eternamente.

Admirada quedó Dorotea de las sentidas razones de la muchacha, pareciéndole que se aventajaban en mucho a la discreción que sus pocos años prometían. Y así, le dijo:

Habláis de modo, señora Clara, que no puedo entenderos; declaraos más, y decidme qué es lo que decís de alma y de lugares y deste músico, cuya voz tan inquieta os tiene. Pero no me digáis nada por ahora; que no quiero perder, por acudir a vuestro sobresalto, el gusto que recibo de oír al que canta; que me parece que con nuevos versos y nuevo tono torna a su canto.

Sea en buen hora —respondió Clara.

Y, por no oílle, se tapó con las manos entrambos oídos, de lo que también se admiró Dorotea; la cual, estando atenta a lo que se cantaba, vio que proseguían en esta manera:

(poesía)

Aquí dio fin la voz, y principio a nuevos sollozos Clara. Todo lo cual encendía el deseo de Dorotea, que deseaba saber la causa de tan suave canto y de tan triste lloro. Y así, le volvió a preguntar qué era lo que le quería decir denantes. Entonces Clara, temerosa de que Luscinda no la oyese, abrazando estrechamente a Dorotea, puso su boca tan junto del oído de Dorotea, que seguramente podía hablar sin ser de otro sentida. Y así, le dijo: Este que canta, señora mía, es un hijo de un caballero, natural del reino de Aragón, señor de dos lugares, el cual vivía frontero de la casa de mi padre, en la corte. Y aunque mi padre tenía las ventanas de su casa con lienzos en el invierno y celosías en el verano, yo no sé lo que fue ni lo que no, que este caballero, que andaba al estudio, me vio, ni sé si en la iglesia o en otra parte. Finalmente, él se enamoró de mí y me lo dio a entender desde las ventanas de su casa, con tantas señas y con tantas lágrimas, que yo le hube de creer, y aun querer, sin saber lo que me quería. Entre las señas que me hacía, era una de juntarse la una mano con la otra, dándome a entender que se casaría conmigo, y aunque yo me holgaría mucho de que ansí fuera, como sola y sin madre, no sabía con quién comunicallo, y así, lo dejé estar, sin dalle otro favor, si no era, cuando estaba mi padre fuera de casa y el suyo también, alzar un poco el lienzo o la celosía, y dejarme ver toda, de lo que él hacía tanta fiesta, que daba señales de volverse loco. Llegose en esto el tiempo de la partida de mi padre, la cual él supo, y no de mí, pues nunca pude decírselo. Cayó malo, a lo que yo entiendo, de pesadumbre, y así, el día que nos partimos nunca pude verle para despedirme dél siquiera con los ojos. Pero a cabo de dos días que caminábamos, al entrar de una posada en un lugar una jornada de aquí, le vi a la puerta del mesón, puesto en hábito de mozo de mulas, tan al natural que, si yo no le trujera tan retratado en mi alma, fuera imposible conocelle. Conocile, admireme y alegreme; él me miró a hurto de mi padre, de quien él siempre se esconde cuando atraviesa por delante de mí en los caminos y en las posadas do llegamos. Y, como yo sé quién es, y considero que por amor de mí viene a pie y con tanto trabajo, muérome de pesadumbre, y adonde él pone los pies, pongo yo los ojos. No sé con qué intención viene, ni cómo ha podido escaparse de su padre, que le quiere extraordinariamente, porque no tiene otro heredero y porque él lo merece, como lo verá vuestra merced cuando le vea. Y más le sé decir, que todo aquello que canta lo saca de su cabeza; que he oído decir que es muy gran estudiante y poeta. Y hay más, que cada vez que le veo o le oigo cantar, tiemblo toda y me sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en conocimiento de nuestros deseos. En mi vida le he hablado palabra, y con todo eso le quiero de manera, que no he de poder vivir sin él. Esto es, señora mía, todo lo que os puedo decir deste músico, cuya voz tanto os ha contentado, que en sola ella echaréis bien de ver que no es mozo de mulas, como decís, sino señor de almas y lugares, como yo os he dicho.”

En el capítulo 50 de la 1ª parte que trata de las discretas altercaciones que don Quijote y el canónigo tuvieron sobre los libros de caballería, dice:

¿Cuál será oír la música que en tanto que come suena, sin saberse quién la canta ni adónde suena?”

Y mas adelante,en este mismo capítulo,

Y, estando comiendo, a deshora oyeron un recio estruendo y un son de esquila, que por entre unas zarzas y espesas matas que allí junto estaban sonaba, y al mesmo instante vieron salir de entre aquellas malezas una hermosa cabra”.

En el capítulo 51 de la 1ª parte, el cabrero Eugenio nos cuenta la historia de Leandra y Vicente de la Rosa. Anselmo y Eugenio se enamoran de Leandra pero llega al pueblo Vicente de la Rosa, tras doce años de ausencia, vestido de soldado, procedente de Italia, curtido en cien batallas, soberbio y engreído,

…finalmente, con una no vista arrogancia llamaba de vos a sus iguales y a los mismos que le conocían, y decía que su padre era su brazo, su linaje sus obras, y que, debajo de ser soldado, al mismo rey no debía nada. Añadiósele a estas arrogancias ser un poco músico y tocar una guitarra a lo rasgado, de manera, que decían algunos que la hacía hablar; pero no pararon aquí sus gracias, que también la tenía de poeta, y así, de cada niñería que pasaba en el pueblo componía un romance de legua y media de escritura.”

y ante tal gallardía Leandra queda prendada y enamorada de él. Huyen los dos del pueblo y Vicente de la Rosa la engaña, la desvalija y la abandona en una cueva. El padre de Leandra la encierra en un convento y los enamorados Anselmo y Eugenio se retiran al monte desconsolados.

…finalmente, Anselmo y yo nos concertamos de dejar el aldea y venirnos a este valle, donde él apacentando una gran cantidad de ovejas suyas proprias, y yo un numeroso rebaño de cabras, también mías, pasamos la vida entre los árboles, dando vado a nuestras pasiones, o cantando juntos alabanzas o vituperios de la hermosa Leandra”

Continúa la historia Eugenio y más adelante dice:

No hay hueco de peña, ni margen de arroyo, ni sombra de árbol que no esté ocupada de algún pastor que sus desventuras a los aires cuente; el eco repite el nombre de Leandra dondequiera que pueda formarse; Leandra resuenan los montes, Leandra murmuran los arroyos.”

Y más adelante continúa:

Entre estos disparatados, el que muestra que menos y más juicio tiene es mi competidor Anselmo, el cual, teniendo tantas otras cosas de que quejarse, sólo se queja de ausencia, y al son de un rabel que admirablemente toca, con versos donde muestra su buen entendimiento, cantando se queja;”

En el capítulo 9 de la 2ª parte encuentran, cerca del Toboso, a un labrador madrugador que iba cantando el romance de Roncesvalles mientras araba.

Estando los dos en estas pláticas, vieron que venía a pasar por donde estaban uno con dos mulas, que por el ruido que hacía el arado, que arrastraba por el suelo, juzgaron que debía de ser labrador, que habría madrugado antes del día a ir a su labranza, y así fue la verdad; venía el labrador cantando aquel romance que dicen:

Mala la hubistes, franceses,

en esa de Roncesvalles.

Que me maten, Sancho —dijo en oyéndole don Quijote—, si nos ha de suceder cosa buena esta noche. ¿No oyes lo que viene cantando ese villano?”

En el capítulo 12 de la 2ª parte, donde se cuenta la extraña aventura del caballero de los espejos, don Quijote despierta a Sancho en mitad de la noche, porque había oído ruido de armas cerca, y le anuncia que van a tener una nueva aventura:

…Pues ¿en qué halla vuesa merced —dijo Sancho— que esta sea aventura?

No quiero yo decir —respondió don Quijote— que esta sea aventura del todo, sino principio della; que por aquí se comienzan las aventuras. Pero escucha; que, a lo que parece, templando está un laúd o vigüela, y según escupe y se desembaraza el pecho, debe de prepararse para cantar algo.

A buena fe que es así —respondió Sancho—, y que debe de ser caballero enamorado.

No hay ninguno de los andantes que no lo sea —dijo don Quijote—, y escuchémosle; que por el hilo sacaremos el ovillo de sus pensamientos, si es que canta; que de la abundancia del corazón habla la lengua.

Replicar quería Sancho a su amo; pero la voz del Caballero del Bosque, que no era muy mala ni muy buena, lo estorbó, y estando los dos atónitos, oyeron que lo que cantó fue este soneto:

(poesía)

Al principio del capítulo 19 de la 2ª parte, en los prolegómenos de las bodas de Camacho, uno de los estudiantes que acompaña a don Quijote al lugar de las bodas, le cuenta las virtudes del pobre Basilio:

…corre como un gamo, salta más que una cabra y birla a los bolos como por encantamento; canta como una calandria y toca una guitarra que la hace hablar, y, sobre todo, juega una espada como el más pintado. Por esa sola gracia —dijo a esta sazón don Quijote— merecía ese mancebo no sólo casarse con la hermosa Quiteria, sino con la mesma reina Ginebra, si fuera hoy viva, a pesar de Lanzarote y de todos aquellos que estorbarlo quisieran.”

Al final del capítulo 19 y en el 20 de la 2ª parte, se nos cuenta con todo detalle la pantagruélica comida de las bodas de Camacho el rico y la industriosa estrategia que utilizó Basilio el pobre para ser el cónyuge de la boda en lugar de Camacho.

Era anochecido, pero antes que llegasen les pareció a todos que estaba delante del pueblo un cielo lleno de innumerables y resplandecientes estrellas. Oyeron asimismo confusos y suaves sonidos de diversos instrumentos como de flautas, tamborinos, salterios, albogues, panderos y sonajas, y cuando llegaron cerca vieron que los árboles de una enramada que a mano habían puesto a la entrada del pueblo estaban todos llenos de luminarias, a quien no ofendía el viento, que entonces no soplaba sino tan manso, que no tenía fuerza para mover las hojas de los árboles; los músicos eran los regocijadores de la boda, que en diversas cuadrillas por aquel agradable sitio andaban, unos bailando, y otros cantando, y otros tocando la diversidad de los referidos instrumentos; en efecto, no parecía sino que por todo aquel prado andaba corriendo la alegría y saltando el contento. Otros muchos andaban ocupados en levantar andamios, de donde con comodidad pudiesen ver otro día las representaciones y danzas que se habían de hacer en aquel lugar, dedicado para solemnizar las bodas del rico Camacho y las exequias de Basilio.”

Posteriormente Cervantes va describiendo las diversas danzas y bailes que van llegando a la boda y los personajes invitados a la misma:


“…guiábalas un venerable viejo y una anciana matrona, pero más ligeros y sueltos que sus años prometían. Hacíales el son una gaita zamorana, y ellas, llevando en los rostros y en los ojos a la honestidad y en los pies a la ligereza, se mostraban las mejores bailadoras del mundo.

Tras esta entró otra danza de artificio y de las que llaman habladas: era de ocho ninfas, repartidas en dos hileras; de la una hilera era guía el dios Cupido, y de la otra el Interés, aquél adornado de alas, arco, aljaba y saetas; éste, vestido de ricas y diversas colores de oro y seda; las ninfas que al Amor seguían traían a las espaldas en pergamino blanco y letras grandes escritos sus nombres: Poesía era el título de la primera, el de la segunda Discreción, el de la tercera Buen linaje, el de la cuarta Valentía; del modo mesmo venían señaladas las que al Interés seguían: decía Liberalidad el título de la primera, Dádiva el de la segunda, Tesoro el de la tercera y el de la cuarta Posesión pacífica. Delante de todos venía un castillo de madera a quien tiraban cuatro salvajes, todos vestidos de yedra y de cáñamo teñido de verde, tan al natural, que por poco espantaran a Sancho. En la frontera del castillo y en todas cuatro partes de sus cuadros traía escrito Castillo del buen recato; hacíanles el son cuatro diestros tañedores de tamboril y flauta; comenzaba la danza Cupido, y habiendo hecho dos mudanzas, alzaba los ojos y flechaba el arco contra una doncella que se ponía entre las almenas del castillo, a la cual desta suerte dijo:

(poesía)

Acabó la copla, disparó una flecha por lo alto del castillo y retirose a su puesto. Salió luego el Interés y hizo otras dos mudanzas; callaron los tamborinos, y él dijo:

(poesía)

Retirose el Interés y hízose adelante la Poesía, la cual, después de haber hecho sus mudanzas como los demás, puestos los ojos en la doncella del castillo, dijo:

(poesía)

En el capítulo 24 de la 2ª parte, alcanzan en el camino a un mozo que va a la guerra, cantando, a pie, en busca de su compañía de infantería para embarcarse en Cartagena.

Con esto dejaron la ermita y picaron hacia la venta, y a poco trecho toparon un mancebito que delante dellos iba caminando no con mucha priesa, y así le alcanzaron; llevaba la espada sobre el hombro y en ella puesto un bulto o envoltorio, al parecer, de sus vestidos, que, al parecer, debían de ser los calzones o greguescos, y herreruelo y alguna camisa, porque traía puesta una ropilla de terciopelo, con algunas vislumbres de raso, y la camisa, de fuera; las medias eran de seda, y los zapatos cuadrados, a uso de Corte; la edad llegaría a diez y ocho o diez y nueve años, alegre de rostro y, al parecer, ágil de su persona; iba cantando seguidillas para entretener el trabajo del camino; cuando llegaron a él, acababa de cantar una, que el primo tomó de memoria, que dicen que decía:

A la guerra me lleva

mi necesidad.

Si tuviera dineros,

no fuera, en verdad.”

En el capítulo 26 de la 2ª parte se nos cuenta la aventura del titerero maese Pedro, que sirvió de inspiración a muchísimos compositores de todo el mundo.

Callaron todos, tirios y troyanos, quiero decir, pendientes estaban todos los que el retablo miraban de la boca del declarador de sus maravillas, cuando se oyeron sonar en el retablo cantidad de atabales, y trompetas, y dispararse mucha artillería, cuyo rumor pasó en tiempo breve, y luego alzó la voz el muchacho, y dijo: Esta verdadera historia que aquí a vuesas mercedes se representa, es sacada al pie de la letra de las corónicas francesas y de los romances españoles que andan en boca de las gentes y de los muchachos por esas calles; trata de la libertad que dio el señor don Gaiferos a su esposa Melisendra, que estaba cautiva en España, en poder de moros, en la ciudad de Sansueña, que así se llamaba entonces la que hoy se llama Zaragoza; y vean vuesas mercedes allí cómo está jugando a las tablas don Gaiferos, según aquello que se canta:

Jugando está a las tablas don Gaiferos

que ya de Melisendra está olvidado.

Niño, niño —dijo con voz alta a esta sazón don Quijote—: Seguid vuestra historia línea recta y no os metáis en las curvas o transversales; que para sacar una verdad en limpio menester son muchas pruebas y repruebas.

También dijo maese Pedro desde dentro:

Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda, que será lo más acertado; sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles.

Yo lo haré así —respondió el muchacho, y prosiguió, diciendo:

Esta figura que aquí parece a caballo cubierta con una capa gascona, es la mesma de don Gaiferos; aquí su esposa, ya vengada del atrevimiento del enamorado moro, con mejor y más sosegado semblante se ha puesto a los miradores de la torre y habla con su esposo creyendo que es algún pasajero, con quien pasó todas aquellas razones y coloquios de aquel romance que dicen:

Caballero, si a Francia ides,

por Gaiferos preguntad.

No faltaron algunos ociosos ojos, que lo suelen ver todo, que no viesen la bajada y la subida de Melisendra, de quien dieron noticia al rey Marsilio, el cual mandó luego tocar al arma, y miren con qué priesa: que ya la ciudad se hunde con el son de las campanas, que en todas las torres de las mezquitas suenan.

Eso no —dijo a esta sazón don Quijote—; en esto de las campanas anda muy impropio maese Pedro, porque entre moros no se usan campanas, sino atabales y un género de dulzainas que parecen nuestras chirimías, y esto de sonar campanas en Sansueña sin duda que es un gran disparate.

Lo cual oído por maese Pedro, cesó el tocar, y dijo:

No mire vuesa merced en niñerías, señor don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo, que no se le halle. ¿No se representan por ahí casi de ordinario mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con todo eso, corren felicísimamente su carrera y se escuchan, no sólo con aplauso, sino con admiración y todo? Prosigue, muchacho, y deja decir, que como yo llene mi talego, siquiera represente más impropiedades que tiene átomos el sol.

Así es la verdad —replicó don Quijote.

Y el muchacho dijo:

Miren cuánta y cuán lúcida caballería sale de la ciudad en seguimiento de los dos católicos amantes, cuántas trompetas que suenan, cuántas dulzainas que tocan y cuántos atabales y atambores que retumban; témome que los han de alcanzar y los han de volver atados a la cola de su mismo caballo, que sería un horrendo espectáculo.”

Y aquí don Quijote no aguantó más y desenvainó la espada, y de un brinco se puso junto al retablo y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros.

En el capítulo 34 de la 2ª parte se cuenta cómo se había de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso. Los duques montan un gran espectáculo de desfiles y disfraces para engañar a don Quijote y a Sancho.

…y, así como comenzó a anochecer, un poco más adelante del crepúsculo, a deshora pareció que todo el bosque por todas cuatro partes se ardía; y luego se oyeron por aquí y por allí, y por acá y por acullá, infinitas cornetas y otros instrumentos de guerra, como de muchas tropas de caballería que por el bosque pasaba; la luz del fuego, el son de los bélicos instrumentos, casi cegaron y atronaron los ojos y los oídos de los circunstantes y aun de todos los que en el bosque estaban.

Luego se oyeron infinitos lelilíes al uso de moros cuando entran en las batallas; sonaron trompetas y clarines, retumbaron tambores, resonaron pífaros, casi todos a un tiempo, tan contino y tan apriesa, que no tuviera sentido el que no quedara sin él al son confuso de tantos instrumentos. Pasmose el duque, suspendiose la duquesa, admirose don Quijote, tembló Sancho Panza, y, finalmente, aun hasta los mesmos sabidores de la causa se espantaron; con el temor les cogió el silencio, y un postillón en traje de demonio les pasó por delante, tocando en vez de corneta un hueco y desmesurado cuerno, que un ronco y espantoso son despedía…”

…En esto, se cerró más la noche, y comenzaron a discurrir muchas luces por el bosque, bien así como discurren por el cielo las exhalaciones secas de la tierra, que parecen a nuestra vista estrellas que corren; oyose, asimismo, un espantoso ruido, al modo de aquel que se causa de las ruedas macizas que suelen traer los carros de bueyes, de cuyo chirrío áspero y continuado se dice que huyen los lobos y los osos, si los hay por donde pasan. Añadiose a toda esta tempestad otra que las aumentó todas, que fue que parecía verdaderamente que a las cuatro partes del bosque se estaban dando a un mismo tiempo cuatro rencuentros o batallas, porque allí sonaba el duro estruendo de espantosa artillería; acullá se disparaban infinitas escopetas; cerca casi sonaban las voces de los combatientes; lejos se reiteraban los lililíes agarenos. Finalmente, las cornetas, los cuernos, las bocinas, los clarines, las trompetas, los tambores, la artillería, los arcabuces y, sobre todo, el temeroso ruido de los carros, formaban todos juntos un son tan confuso y tan horrendo, que fue menester que don Quijote se valiese de todo su corazón para sufrirle…” “…Poco desviados de allí hicieron alto estos tres carros y cesó el enfadoso ruido de sus ruedas; y luego se oyó otro, no ruido, sino un son de una suave y concertada música formado, con que Sancho se alegró y lo tuvo a buena señal; y, así, dijo a la duquesa, de quien un punto ni un paso se apartaba: Señora, donde hay música no puede haber cosa mala.

Tampoco donde hay luces y claridad —respondió la duquesa.

A lo que replicó Sancho: Luz da el fuego, y claridad las hogueras, como lo vemos en las que nos cercan, y bien podría ser que nos abrasasen; pero la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas.”

El capítulo 35 de la 2ª parte es continuación del 34. Lo anterior es el final de capítulo y esto y lo que sigue el principio del siguiente:

Al compás de la agradable música vieron que hacia ellos venía un carro de los que llaman triunfales, tirado de seis mulas pardas encubertadas, empero, de lienzo blanco, y sobre cada una venía un diciplinante de luz, asimesmo vestido de blanco, con una hacha de cera grande, encendida, en la mano; era el carro dos veces, y aun tres, mayor que los pasados, y los lados y encima dél, ocupaban doce otros diciplinantes albos como la nieve, todos con sus hachas encendidas, vista que admiraba y espantaba juntamente; y en un levantado trono venía sentada una ninfa vestida de mil velos de tela de plata, brillando por todos ellos infinitas hojas de argentería de oro, que la hacían, si no rica, a lo menos, vistosamente vestida; traía el rostro cubierto con un transparente y delicado cendal, de modo, que, sin impedirlo sus lizos, por entre ellos se descubría un hermosísimo rostro de doncella; y las muchas luces daban lugar para distinguir la belleza y los años, que, al parecer, no llegaban a veinte ni bajaban de diez y siete.

Junto a ella venía una figura vestida de una ropa de las que llaman rozagantes, hasta los pies, cubierta la cabeza con un velo negro; pero al punto que llegó el carro a estar frente a frente de los duques y de don Quijote, cesó la música de las chirimías, y luego la de las arpas y laúdes que en el carro sonaban; y, levantándose en pie la figura de la ropa, la apartó a entrambos lados, y, quitándose el velo del rostro, descubrió patentemente ser la mesma figura de la Muerte descarnada y fea, de que don Quijote recibió pesadumbre, y Sancho miedo, y los duques hicieron algún sentimiento temeroso. Alzada y puesta en pie esta Muerte viva, con voz algo dormida y con lengua no muy despierta, comenzó a decir desta manera:

(poesía)

En el capítulo 38 de la 2ª parte se nos cuenta la que dio de su mala andanza la dueña Dolorida alias de la condesa Trifaldi.

…entre los cuales osó levantar los pensamientos al cielo de tanta belleza un caballero particular que en la corte estaba, confiado en su mocedad y en su bizarría y en sus muchas habilidades y gracias y facilidad y felicidad de ingenio; porque hago saber a vuestras grandezas, si no lo tienen por enojo, que tocaba una guitarra que la hacía hablar, y más que era poeta y gran bailarín y sabía hacer una jaula de pájaros que solamente a hacerlas pudiera ganar la vida cuando se viera en estrema necesidad”;

En resolución, él me aduló el entendimiento y me rindió la voluntad con no se qué dijes y brincos que me dio; pero lo que más me hizo postrar y dar conmigo por el suelo fueron unas coplas que le oí cantar una noche, desde una reja que caía a una callejuela donde él estaba, que si mal no me acuerdo decían:

(poesía)

Pareciome la trova de perlas y su voz, de almíbar, y después acá, digo, desde entonces, viendo el mal en que caí por estos y otros semejantes versos, he considerado que de las buenas y concertadas repúblicas se habían de desterrar los poetas como aconsejaba Platón, a lo menos los lascivos porque escriben unas coplas, no como las del marqués de Mantua , que entretienen y hacen llorar los niños y a las mujeres, sino unas agudezas que a modo de blandas espinas os atraviesan el alma y como rayos os hieren en ella, dejando sano el vestido, y otra vez cantó:

(poesía)

Y deste jaez otras coplitas y estrambotes que cantados encantan y escritos suspenden; pues ¿qué cuando se humillan a componer un género de verso que en Candaya se usaba entonces a quien ellos llamaban seguidillas?…”

En el capítulo 44 de la 2ª parte Altisidora declara su amor por don Quijote

Mató las velas, hacía calor y no podía dormir; levantose del lecho y abrió un poco la ventana de una reja que daba sobre un hermoso jardín, y al abrirla, sintió y oyó que andaba y hablaba gente en el jardín. Púsose a escuchar atentamente; levantaron la voz los de abajo, tanto, que pudo oír estas razones:

No me porfíes, ¡oh Emerencia!, que cante, pues sabes que desde el punto que este forastero entró en este castillo, y mis ojos le miraron, yo no sé cantar, sino llorar; cuanto más que el sueño de mi señora tiene más de ligero que de pesado, y no querría que nos hallase aquí por todo el tesoro del mundo; y, puesto caso que durmiese y no despertase, en vano sería mi canto si duerme y no despierta para oírle este nuevo Eneas, que ha llegado a mis regiones para dejarme escarnida.

No des en eso, Altisidora amiga —respondieron—; que sin duda la duquesa y cuantos hay en esa casa duermen, si no es el señor de tu corazón y el despertador de tu alma; porque ahora sentí que abría la ventana de la reja de su estancia, y sin duda debe de estar despierto. Canta, lastimada mía, en tono bajo y suave, al son de tu arpa, y cuando la duquesa nos sienta, le echaremos la culpa al calor que hace.

No está en eso el punto, ¡oh Emerencia! —respondió la Altisidora—, sino en que no querría que mi canto descubriese mi corazón y fuese juzgada de los que no tienen noticia de las fuerzas poderosas de amor por doncella antojadiza y liviana. Pero venga lo que viniere; que más vale vergüenza en cara que mancilla en corazón.

Y, en esto, sintió tocar una arpa suavísimamente; oyendo lo cual quedó don Quijote pasmado, porque en aquel instante se le vinieron a la memoria las infinitas aventuras semejantes a aquella de ventanas, rejas y jardines, músicas, requiebros y desvanecimientos que en los sus desvanecidos libros de caballerías había leído. Luego imaginó que alguna doncella de la duquesa estaba dél enamorada y que la honestidad la forzaba a tener secreta su voluntad; temió no le rindiese, y propuso en su pensamiento el no dejarse vencer; y, encomendándose de todo buen ánimo y buen talante a su señora Dulcinea del Toboso, determinó de escuchar la música, y para dar a entender que allí estaba, dio un fingido estornudo, de que no poco se alegraron las doncellas, que otra cosa no deseaban sino que don Quijote las oyese. Recorrida, pues, y afinada la arpa, Altisidora dio principio a este romance:

(poesía)

Aquí dio fin el canto de la malferida Altisidora, y comenzó el asombro del requerido don Quijote, el cual, dando un gran suspiro, dijo entre sí:

¡Que tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de haber doncella que me mire que de mí no se enamore!”

En el capítulo 45 de la 2ª parte se detalla cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su ínsula, y el modo que comenzó a gobernar.

¡Oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de las cantimploras, Timbrio aquí, Febo allí, tirador acá, médico acullá, padre de la poesía, inventor de la música, tú que siempre sales y aunque lo parece, nunca te pones! ¡A ti digo, oh sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre!: a ti digo que me favorezcas y alumbres la escuridad de mi ingenio, para que pueda discurrir por sus puntos en la narración del gobierno del gran Sancho Panza; que, sin ti, yo me siento tibio, desmazalado y confuso…

…Y quédese aquí el buen Sancho; que es mucha la priesa que nos da su amo, alborozado con la música de Altisidora.”

En el capítulo 46 de la 2ª parte se nos cuenta la Aventura de los cencerros y los gatos. Altisidora finge desmayarse por amor a don Quijote.

“… y así como Altisidora vio a don Quijote, fingió desmayarse, y su amiga la recogió en sus faldas, y con gran presteza la iba a desabrochar el pecho. Don Quijote que lo vio, llegándose a ellas, dijo: Ya sé yo de qué proceden estos accidentes.

No sé yo de qué —respondió la amiga—, porque Altisidora es la doncella más sana de toda esta casa, y yo nunca la he sentido un ¡ay! en cuanto ha que la conozco; que mal hayan cuantos caballeros andantes hay en el mundo, si es que todos son desagradecidos. Váyase vuesa merced, señor don Quijote; que no volverá en sí esta pobre niña en tanto que vuesa merced aquí estuviere.

A lo que respondió don Quijote: Haga vuesa merced, señora, que se me ponga un laúd esta noche en mi aposento; que yo consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella; que en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados.

Y, con esto, se fue, por que no fuese notado de los que allí le viesen. No se hubo bien apartado, cuando, volviendo en sí la desmayada Altisidora, dijo a su compañera: Menester será que se le ponga el laúd; que sin duda don Quijote quiere darnos música, y no será mala, siendo suya.

Fueron luego a dar cuenta a la duquesa de lo que pasaba y del laúd que pedía don Quijote, y ella, alegre sobremodo, concertó con el duque y con sus doncellas de hacerle una burla que fuese más risueña que dañosa, y con mucho contento esperaban la noche, que se vino tan apriesa como se había venido el día, el cual pasaron los duques en sabrosas pláticas con don Quijote.

Hecho esto y llegadas las once horas de la noche, halló don Quijote una vihuela en su aposento; templola, abrió la reja, y sintió que andaba gente en el jardín, y, habiendo recorrido los trastes de la vihuela y afinándola lo mejor que supo, escupió y remondose el pecho, y luego, con una voz ronquilla aunque entonada, cantó el siguiente romance, que él mismo aquel día había compuesto:

(poesía)

Aquí llegaba don Quijote de su canto, a quien estaban escuchando el duque y la duquesa, Altisidora y casi toda la gente del castillo, cuando de improviso, desde encima de un corredor que sobre la reja de don Quijote a plomo caía, descolgaron un cordel donde venían más de cien cencerros asidos, y luego tras ellos derramaron un gran saco de gatos, que asimismo traían cencerros menores atados a las colas. Fue tan grande el ruido de los cencerros y el mayar de los gatos que, aunque los duques habían sido inventores de la burla, todavía les sobresaltó y, temeroso don Quijote, quedó pasmado; y quiso la suerte que dos o tres gatos se entraron por la reja de su estancia y, dando de una parte a otra, parecía que una región de diablos andaba en ella. Apagaron las velas que en el aposento ardían, y andaban buscando por do escaparse; el descolgar y subir del cordel de los grandes cencerros no cesaba; la mayor parte de la gente del castillo, que no sabía la verdad del caso, estaba suspensa y admirada.

Levantose don Quijote en pie y, poniendo mano a la espada, comenzó a tirar estocadas por la reja y a decir a grandes voces:

¡Afuera malignos encantadores, afuera canalla hechiceresca; que yo soy don Quijote de la Mancha, contra quien no valen ni tienen fuerza vuestras malas intenciones!

Y, volviéndose a los gatos que andaban por el aposento, les tiró muchas cuchilladas; ellos acudieron a la reja, y por allí se salieron, aunque uno, viéndose tan acosado de las cuchilladas de don Quijote, le saltó al rostro y le asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo dolor don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo. Oyendo lo cual el duque y la duquesa, y considerando lo que podía ser, con mucha presteza acudieron a su estancia, y, abriendo con llave maestra, vieron al pobre caballero pugnando con todas sus fuerzas por arrancar el gato de su rostro. Entraron con luces, y vieron la desigual pelea; acudió el duque a despartirla, y don Quijote dijo a voces:

¡No me le quite nadie, déjenme mano a mano con este demonio, con este hechicero, con este encantador; que yo le daré a entender, de mí a él, quién es don Quijote de la Mancha! Pero el gato, no curándose destas amenazas, gruñía y apretaba; mas, en fin, el duque se le desarraigó y le echó por la reja.”

En el capítulo 47 de la 2ª parte, donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en el gobierno de la ínsula Barataria”,

Cuenta la historia que desde el juzgado llevaron a Sancho Panza a un suntuoso palacio, adonde en una gran sala estaba puesta una real y limpísima mesa; y así como Sancho entró en la sala, sonaron chirimías y salieron cuatro pajes a darle aguamanos, que Sancho recibió con mucha gravedad.

Cesó la música, sentose Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había más de aquel asiento, y no otro servicio en toda ella. Púsose a su lado en pie un personaje, que después mostró ser médico, con una varilla de ballena en la mano…”

Y a continuación fueron llegando pajes con platos y platos de riquísimos manjares y el médico iba prohibiendo a Sancho catarlos uno a uno con distintos argumentos. Entonces Sancho montó en cólera,

…quíteseme luego delante; si no, voto al sol que tome un garrote y que a garrotazos, comenzando por él, no me ha de quedar médico en toda la ínsula…”

…vuelvo a decir que se me vaya Pedro Recio de aquí; si no, tomaré esta silla donde estoy sentado y se la estrellaré en la cabeza…”

Alborotose el doctor viendo tan colérico al gobernador y quiso hacer tirteafuerade la sala, sino que en aquel instante sonó una corneta de posta en la calle y, asomándose el maestresala a la ventana, volvió diciendo:

Correo viene del duque mi señor; algún despacho debe de traer de importancia.”

En el capítulo 51 de la 2ª parte se relatan algunas ordenanzas dictadas por Sancho Panza para el buen gobierno de la que él imaginaba ser la ínsula Barataria:

…puso gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos, ni de noche ni de día. Ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si no trujese testimonio auténtico de ser verdadero, por parecerle que los más que los ciegos cantan son fingidos, en perjuicio de los verdaderos.”

En el capítulo 54 de la 2ª parte, Sancho deja el gobierno de la ínsula Barataria, va sobre su rucio en busca de don Quijote y ve por el camino a séis peregrinos extranjeros pidiendo limosna y al llegar a su altura,

…levantando las voces todos juntos, comenzaron a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fue una palabra que claramente pronunciaba limosna, por donde entendió, que era limosna la que en su canto pedían;”

En el capítulo 61 de la 2ª parte “se trata de lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto.”

Volviose Roque; quedose don Quijote esperando el día, así, a caballo como estaba, y no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse por los balcones del Oriente la faz de la blanca Aurora, alegrando las yerbas y las flores, en lugar de alegrar el oído, aunque al mesmo instante alegraron también el oído el son de muchas chirimías y atabales, ruido de cascabeles, «trapa, trapa, aparta, aparta» de corredores que, al parecer, de la ciudad salían. Dio lugar la Aurora al sol, que, un rostro mayor que el de una rodela, por el más bajo horizonte poco a poco se iba levantando. Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes, vieron el mar hasta entonces dellos no visto; parecioles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de flámulas y gallardetes que tremolaban al viento y besaban y barrían el agua. Dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías, que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos.”

En el capítulo 63 de la 2ª parte, don Quijote y Sancho son llevados a visitar las galeras en el puerto de Barcelona y los marineros le hacen una broma a Sancho llevándole en volandas de banco en banco por toda la galera a la señal del pito.

Entraron todos en la popa, que estaba muy bien aderezada, y sentáronse por los bandines; pasose el cómitre en crujía, y dio señal con el pito que la chusma hiciese fuera ropa, que se hizo en un instante.

En el capítulo 68 de la 2ª parte don Quijote nos muestra sus habilidades como compositor y cantor de madrigaletes.

“—Duerme tú, Sancho —respondió don Quijote—, que naciste para dormir; que yo, que nací para velar, en el tiempo que falta de aquí al día daré rienda a mis pensamientos y los desfogaré en un madrigalete que, sin que tú lo sepas, anoche compuse en la memoria. —A mí me parece —respondió Sancho—, que los pensamientos que dan lugar a hacer coplas no deben de ser muchos. Vuesa merced coplee cuanto quisiere; que yo dormiré cuanto pudiere. Y luego, tomando en el suelo cuanto quiso, se acurrucó y durmió a sueño suelto, sin que fianzas, ni deudas, ni dolor alguno se lo estorbase. Don Quijote, arrimado a un tronco de una haya o de un alcornoque (que Cide Hamete Benengeli no distingue el árbol que era), al son de sus mesmos suspiros cantó de esta suerte:

(poesía)

En el capítulo 69 de la 2ª parte, “se trata el más raro, y más nuevo suceso que en todo el discurso desta grande historia avino a don Quijote”: Túmulo y resurrección de Altisidora.

Comenzó en esto a salir, al parecer debajo del túmulo, un son sumiso y agradable de flautas que, por no ser impedido de alguna humana voz, porque en aquel sitio el mesmo silencio guardaba silencio a sí mismo, se mostraba blando y amoroso. Luego hizo de sí improvisa muestra, junto a la almohada del al parecer cadáver, un hermoso mancebo vestido a lo romano, que al son de una harpa que él mismo tocaba, cantó con suavísima y clara voz estas dos estancias:

(poesía)

CONSIDERACIONES FINALES

Hemos podido comprobar que la música en el Quijote tiene dos aspectos perfectamente diferenciados; uno en la primera parte y otro en la segunda.

En la primera parte Cervantes utiliza instrumentos como  el rabel y el arpa y siempre la voz humana para ambientar romances de amor (el Cabrero Antonio), historias de amor (Dorotea toca el arpa «porque la música  compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu»), amores quinceañeros (Doña Clara y don Luis),  amores donjuanescos (Leandra y Vicente de la Rosa) o amores platónicos (Eugenio y Anselmo cantando su amor por Leandra en bosques, arroyos y peñas). En resumen, toda la primera parte la dedica Cervantes al amor.  Y Aunque en el capítulo 23 don Quijote presume de que todos los caballeros andantes son enamorados y grandes trovadores y músicos, no será hasta la segunda parte cuando nos haga alguna demostración él mismo, cantando acompañado de una vihuela en una ocasión y «a capella» en otra.

En la segunda parte comienza Sansón Carrasco, convertido en Caballero de los Espejos, tocando el laúd y cantando un soneto, pero pronto comenzarán a aparecer los instrumentos de percusión y de viento e incluso la artillería con sus instrumentos bélicos para amenizar, en primer lugar las bodas de Camacho con gran despliegue de desfiles y danzas; el retablo de Maese Pedro; las fiestas y bromas del castillo de los duques (la ínsula Barataria); y finalmente a la entrada de Barcelona y en las galeras de la playa.

Vale

José Ávila Domingo